sábado, 30 de diciembre de 2023

EL ELECTRÓN

 

Introducción

Corrían alocadamente los años sesenta. Surgió una vorágine de acontecimientos en todas partes, se encontraban remansos de paz y creatividad. Artistas plásticos, músicos cantantes y actores, como si hubieran estado de acuerdo, produjeron arte de mil formas distintas, pero en ellas estaba el germen que marcaría el desarrollo del arte en el futuro. Esos años toda la cultura acumulada desde China a la Patagonia, se difundió a niveles nunca vistos, y eso que no había internet.

A nuestra capital, llegaba información, y a veces no era tan intensa como en algunas regiones del interior del país, sobre todo del sur, que recibían información de Argentina, a través de Bolivia y de Chile.

Y, hablando del teatro, surgió una corriente que cambió la manera de hacer teatro en Lima. El teatro de grupo, cuya influencia se ha sentido por mas de 40 años, a pesar de que actualmente, los grupos de teatro en Lima son pocos, en provincias también hay. En el interior hay muchos que se mantienen firmes.

Uno de lo más importantes grupos de teatro, fue “Homero teatro de Grillos”, que empezó haciendo teatro para niños, las obras eran adaptadas o escritas por miembros del grupo.

El electrón

Pero esta es una narración a manera de cuento, y no intentamos hacer historia, pues no es la intención, a pesar de la introducción, sino que me sirve de ambiente para contar la particular vida de L.G.S.

Estábamos preparando el escenario en el local del desaparecido Art Center de Miraflores, era la tarea sabatina, dejar todo listo para el domingo. Y llega un personaje, que buscaba a Sara. Ella lo vio y nos lo presentó. En ese momento sólo pensé que era el amigo de Sara, y luego me preguntaba de dónde serían amigos. Cuando me enteré que nuestra visita vivía en el Callao, lo entendí, pues Sara era chalaca, que así se les llama a los del Callao, y L.G.S. vivía en esa provincia portuaria.

Pues bien. Un sábado, terminado el arreglo del escenario, salimos todos a buscar un sitio agradable donde poder tomar un café y charlar. El grupo estaba compuesto de Víctor, Paca, Sara, Aurora, Alex, L.G.S. y yo En el camino se nos acercó un mendigo, y LGS sacó una moneda y se la dio, “Gracias a Dios caballero porque usted me ayuda”, y él contesta “No le agradezca a Dios, agradézcale al electrón”.

Tal respuesta nos hizo mucha gracia, y en ese mismo instante, L.G.S. quedó bautizado como El Electrón.

Cuando nos enteramos que el Electrón estudiaba física, comprendimos su “científica” respuesta al pordiosero. Mas él tenía un carácter muy especial, así como una inteligencia singular. Otro sábado ensayábamos un cuento mío, y de pronto aparece, asomándose apenas por la puerta diciendo “Esto me recuerda a los cuentos del “hermano Rabito”, dicho eso desapareció. Y no fue la única vez, en otras oportunidades mostraba sólo la cara, decía algo y desaparecía. Paca que había renunciado a ser actriz, se prestó a hacer la boletería los domingos, para nosotros fue importante, pues antes, teníamos que turnarnos, con el consiguiente correteo de cualquiera de nosotros, de los camerinos a la taquilla y viceversa. Anoto esto porque ella fue testigo, muchas veces de las extrañas actitudes del Electrón. En una ocasión, se asoma y dice: “Paquita, voy a ver la función” y se iba, para regresar cuando ésta ya había empezado. Le daba igual, entraba y miraba un rato no más largo que diez minutos y desaparecía.

Una hijita rubia.

Cierto domingo, Paca le preguntó el motivo de su actitud, de llegar tarde y salir luego de unos minutos. ¿Estás buscando a alguien? Sí Paca, a una rubia de la cual enamorarme. La respuesta hizo que ella se riera tan fuerte que la oímos desde la platea. Pero aquí, no vas a encontrar a rubias solteras, porque las mamás, papás tías o amigas que vienen trayendo a los niños, los dejan y se van, y regresan cuando la función ha terminado. A veces, alguna madre o papá se queda a ver el espectáculo, pero ninguna rubia se ha quedado. ¿Y para qué quieres una rubia? ¡Para tener una hijita rubia, ay, una linda niña, de pensarlo nomás me derrito!

Avatares

Seguro me he perdido muchas más anécdotas del Electrón. Un tiempo dejamos de verlo. Al parecer sus estudios en la universidad le quitaban tiempo, pues estaba especializándose en física nuclear o algo así. Una vez nos encontramos en la avenida La Colmena, y entramos al Tívoli, un café donde iban muchos artistas, generalmente actores y sus amigos. Una vez allí, me pareció algo raro que se quedara a conversar conmigo, me hablo de Max Planck y los quanta, y de otros físicos, en verdad fue una conversación interesante e instructiva, bueno decir conversación es algo exagerado, pues hablé muy poco. Cuando él terminó su monólogo cuántico, me extendió un libro “Te lo regalo”, se puso de pie y se alejó rápidamente. Mire el libro: Leyes matemáticas aplicadas a la Gramática.

Unos meses después, se mudó a un edificio al costado de Palacio de Gobierno. Tenía, o tiene unos cinco pisos, él estaba en el tercero. Cuando llegamos a visitarlo, era su cumpleaños me parece, pero no hubo torta ni bocaditos, sólo cerveza y vino, vivía ahí con una señora mayor que el Electrón, creo recordar que se llamaba Amanda, y posiblemente era de ella el departamento. La conversa era una locura, parecía una Babel, muchos hablaban al mismo tiempo y yo no entendía nada. En cierto rato, Aurora se me acercó, “En el baño está la cabeza del Electrón”. Me quedé mudo ¿La cabeza? Inmediatamente fui al baño, miré, pero parecía un baño como muchos, me retiraba cuando vi en la puerta unos carteles, en uno estaba Mao, en otro el Papa Juan XXIII, y en el tercero una mujer en bikini. En efecto, parecía la cabeza del Electrón.

Una mañana, ya él había dejado el departamento de Amanda, se encontró con Sara, y caminaron juntos un rato. Lo que hablaron lo supe por boca de ella. La cuestión devino, de cierta presentación del grupo, en ella, al finalizar la obra entró cierto crítico de teatro, a decir “No está mal, pero todavía no son famosos”. La frase molestaba a Sara y al comentarla, el Electrón se detuvo, la miró con ojos sorprendidos y comentó, “Mira la fama es pasajera, entiendes, es como una mariposa en verano, desaparece y no la ves más. Por eso, no importa la fama, lo que importa es el prestigio, eso dura, no es efímero, y tú tienes prestigio, el grupo del que formas parte, tiene prestigio. Eso es lo que vale”. Mucha razón la del Electrón.

Pasó el tiempo, rápido como suele hacerlo, ayer tenías juventud y vigor, luego queda el vigor, y finalmente la madurez y la sapiencia. A alguien le oí esta frase, y aunque no es exacta, algo de cierto tiene. Llegaron los setentas y no vi más al Electrón. Luego me enteré de su viaje a Francia, estudiaría en la universidad de Grenoble, una especialización. Con razón lo escuché una vez hablar en un francés con acento muy chalaco.

Luego de algunos años, un día fui a visitar a mi amiga Paca, que se había mudado a un departamento en Miraflores, una de muchas mudanzas. La encontré trapeando el piso con esencia de pino. “Llegas a tiempo para ayudarme, esto está lleno de cucarachas”. En efecto así era, corrían por todos lados, de seguro el lugar estaba abandonado tiempo, o alguien muy sucio lo había ocupado. La tarea de matarlas nos llevó tiempo, eran docenas de ellas. Finalmente acabamos y dimos la última trapeada. Pero el fuerte olor de la esencia de pino, hacía mella en nosotros, me sentía completamente mareado y le propuse salir. Lo hicimos así y caminamos hasta la quebrada de Miraflores, frente al mar. Ahí vimos un atardecer espléndido, uno de los muchos atardeceres que vería después con mi amiga. Con la brisa del mar en el rostro, nos relajamos y conversamos de diversos temas, hasta que ella se acordó del Electrón, y le pregunté si sabía algo de él. “Claro, de vez en cuando me escribe. Está trabajando en una universidad de Venezuela, enseña lo que él sabe, Física.”

Cuando Paca se mudó de nuevo, ahora al centro de Lima, fui a buscarla, pero no estaba, ya salía del edificio cuando ella apareció. Vengo del correo, fui a enviar una encomienda al Electrón. ¿Una encomienda hasta Venezuela? Sí, me pidió que le envié 100 cajas de Protox. (Era un producto multivitamínico, que se vendía como si fuera un energizante sexual) ¿Qué? ¿Una caja? Así es, pero la señorita del correo me dijo que las cajas aumentarían el peso y por tanto el precio. Con su consejo estuve un buen rato, sacando las pastillas de las cajas. ¿Le mandaste las pastillas sueltas? Bueno están en su sobre, y me ahorré algo. Pero ¿Cuánto te costó comprarlas? Él me envío un giro, La cuestión fue en la farmacia, cuando pedí tantas, los empleados murmuraban entre sí. Y se reían, lo que no me hizo ninguna gracia. Felizmente me las vendieron sin problema, ya que son de venta libre, ¡Imagínate que hubiera necesitado receta!

Pasó algo más de una semana, y Paquita me llama, para que vaya a verla. La encontré escuchando a Beethoven. Me sirvió un café, mientras sonreía muy divertida. ¿No sabes qué le ha pasado? No. ¿A quién? Al Electrón ¿Qué le pasó? Se debe haber sentido muy mal, lo arrestó la policía. ¿Y por qué? Resulta que cuando llegó la encomienda, al de la aduana le pareció sospechoso, abrieron el paquete y encontraron las pastillas, creyeron que era droga y lo apresaron. Él protestó, dijo que estaban equivocados, que no era droga. Pero nada, se quedó preso. ¿Y sigue preso o ya salió? Ya salió, y me escribió contándome la historia. Tuvo que esperar en la celda que analizaran las pastillas, para averiguar de que droga se trataba. El laboratorio informó a la policía, que eran vitaminas, y pidiendo disculpas, lo dejaron libre y le entregaron sus pastillas. ¡Caray, qué historia! ¡Imagínate flaco, si se enteraba la prensa podría haber tenido problemas con la universidad! Piensa un titular como “Profesor de universidad: narcotraficante”. Verdad que sí, felizmente salió bien librado.

Ahora.

Y llegamos al nuevo milenio, y del Electrón sólo supe que había regresado de Venezuela y que vivía en el Callao. Y con mis presentaciones teatrales, lo olvidé y no pensé más en él. La vida cambió mucho, todo se volvió más arduo.

Una noche empezamos una corta temporada, nos tocó actuar en un conocido bar-teatro de Barranco. La obra tuvo mucho éxito con el poco público que asistía. Era de esperarse pues nos dieron un día a mitad de semana, y no como deseábamos, un viernes o sábado. En la penúltima función, me pareció ver a alguien conocido, y no estuve seguro, sino hasta que acabó la función y la administración me entregó una nota que decía: “Me agrado mucho tu obra y tu actuación, te felicito, un abrazo. Me voy rápido pues debo regresar al Callao y es un largo camino, El Electrón.

Era él a quien vi esa noche, y según me contaron, salía poco de su casa. Sé que está casado y tiene hijos, no sé si uno o dos. Sospecho que la esposa es venezolana, pero puede que no, él es un hombre de sorpresas. Me contaron también, que está en tratamiento psiquiátrico. Debe ser algo leve, pero no tengo su dirección para visitarlo y saludarlo. Es curioso, y agradezco el hecho de que a pesar de tantos años transcurridos, se da tiempo para ir a ver actuar a un amigo, eso lo valoro, pero me queda la nostalgia de no poder verlo. Espero que esté bien y que haya tenido una hijita rubia para derretirse.

 

Roberto Ríos del Águila.

Lima, 23 de febrero del 2021.

 

 

 


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