EL ELECTRÓN
Introducción
Corrían
alocadamente los años sesenta. Surgió una vorágine de acontecimientos en todas
partes, se encontraban remansos de paz y creatividad. Artistas plásticos,
músicos cantantes y actores, como si hubieran estado de acuerdo, produjeron
arte de mil formas distintas, pero en ellas estaba el germen que marcaría el
desarrollo del arte en el futuro. Esos años toda la cultura acumulada desde
China a la Patagonia, se difundió a niveles nunca vistos, y eso que no había
internet.
A
nuestra capital, llegaba información, y a veces no era tan intensa como en
algunas regiones del interior del país, sobre todo del sur, que recibían
información de Argentina, a través de Bolivia y de Chile.
Y,
hablando del teatro, surgió una corriente que cambió la manera de hacer teatro
en Lima. El teatro de grupo, cuya influencia se ha sentido por mas de 40 años,
a pesar de que actualmente, los grupos de teatro en Lima son pocos, en
provincias también hay. En el interior hay muchos que se mantienen firmes.
Uno
de lo más importantes grupos de teatro, fue “Homero teatro de Grillos”, que
empezó haciendo teatro para niños, las obras eran adaptadas o escritas por
miembros del grupo.
El
electrón
Pero
esta es una narración a manera de cuento, y no intentamos hacer historia, pues
no es la intención, a pesar de la introducción, sino que me sirve de ambiente
para contar la particular vida de L.G.S.
Estábamos
preparando el escenario en el local del desaparecido Art Center de Miraflores,
era la tarea sabatina, dejar todo listo para el domingo. Y llega un personaje,
que buscaba a Sara. Ella lo vio y nos lo presentó. En ese momento sólo pensé
que era el amigo de Sara, y luego me preguntaba de dónde serían amigos. Cuando
me enteré que nuestra visita vivía en el Callao, lo entendí, pues Sara era
chalaca, que así se les llama a los del Callao, y L.G.S. vivía en esa provincia
portuaria.
Pues
bien. Un sábado, terminado el arreglo del escenario, salimos todos a buscar un
sitio agradable donde poder tomar un café y charlar. El grupo estaba compuesto
de Víctor, Paca, Sara, Aurora, Alex, L.G.S. y yo En el camino se nos acercó un
mendigo, y LGS sacó una moneda y se la dio, “Gracias a Dios caballero porque
usted me ayuda”, y él contesta “No le agradezca a Dios, agradézcale al
electrón”.
Tal
respuesta nos hizo mucha gracia, y en ese mismo instante, L.G.S. quedó
bautizado como El Electrón.
Cuando
nos enteramos que el Electrón estudiaba física, comprendimos su “científica”
respuesta al pordiosero. Mas él tenía un carácter muy especial, así como una
inteligencia singular. Otro sábado ensayábamos un cuento mío, y de pronto
aparece, asomándose apenas por la puerta diciendo “Esto me recuerda a los
cuentos del “hermano Rabito”, dicho eso desapareció. Y no fue la única vez, en
otras oportunidades mostraba sólo la cara, decía algo y desaparecía. Paca que
había renunciado a ser actriz, se prestó a hacer la boletería los domingos,
para nosotros fue importante, pues antes, teníamos que turnarnos, con el
consiguiente correteo de cualquiera de nosotros, de los camerinos a la taquilla
y viceversa. Anoto esto porque ella fue testigo, muchas veces de las extrañas
actitudes del Electrón. En una ocasión, se asoma y dice: “Paquita, voy a ver la
función” y se iba, para regresar cuando ésta ya había empezado. Le daba igual,
entraba y miraba un rato no más largo que diez minutos y desaparecía.
Una
hijita rubia.
Cierto
domingo, Paca le preguntó el motivo de su actitud, de llegar tarde y salir
luego de unos minutos. ¿Estás buscando a alguien? Sí Paca, a una rubia de la
cual enamorarme. La respuesta hizo que ella se riera tan fuerte que la oímos
desde la platea. Pero aquí, no vas a encontrar a rubias solteras, porque las
mamás, papás tías o amigas que vienen trayendo a los niños, los dejan y se van,
y regresan cuando la función ha terminado. A veces, alguna madre o papá se
queda a ver el espectáculo, pero ninguna rubia se ha quedado. ¿Y para qué
quieres una rubia? ¡Para tener una hijita rubia, ay, una linda niña, de
pensarlo nomás me derrito!
Avatares
Seguro
me he perdido muchas más anécdotas del Electrón. Un tiempo dejamos de verlo. Al
parecer sus estudios en la universidad le quitaban tiempo, pues estaba
especializándose en física nuclear o algo así. Una vez nos encontramos en la
avenida La Colmena, y entramos al Tívoli, un café donde iban muchos artistas,
generalmente actores y sus amigos. Una vez allí, me pareció algo raro que se
quedara a conversar conmigo, me hablo de Max Planck y los quanta, y de otros
físicos, en verdad fue una conversación interesante e instructiva, bueno decir
conversación es algo exagerado, pues hablé muy poco. Cuando él terminó su
monólogo cuántico, me extendió un libro “Te lo regalo”, se puso de pie y se alejó
rápidamente. Mire el libro: Leyes matemáticas aplicadas a la Gramática.
Unos
meses después, se mudó a un edificio al costado de Palacio de Gobierno. Tenía,
o tiene unos cinco pisos, él estaba en el tercero. Cuando llegamos a visitarlo,
era su cumpleaños me parece, pero no hubo torta ni bocaditos, sólo cerveza y
vino, vivía ahí con una señora mayor que el Electrón, creo recordar que se
llamaba Amanda, y posiblemente era de ella el departamento. La conversa era una
locura, parecía una Babel, muchos hablaban al mismo tiempo y yo no entendía
nada. En cierto rato, Aurora se me acercó, “En el baño está la cabeza del
Electrón”. Me quedé mudo ¿La cabeza? Inmediatamente fui al baño, miré, pero
parecía un baño como muchos, me retiraba cuando vi en la puerta unos carteles,
en uno estaba Mao, en otro el Papa Juan XXIII, y en el tercero una mujer en
bikini. En efecto, parecía la cabeza del Electrón.
Una
mañana, ya él había dejado el departamento de Amanda, se encontró con Sara, y
caminaron juntos un rato. Lo que hablaron lo supe por boca de ella. La cuestión
devino, de cierta presentación del grupo, en ella, al finalizar la obra entró
cierto crítico de teatro, a decir “No está mal, pero todavía no son famosos”.
La frase molestaba a Sara y al comentarla, el Electrón se detuvo, la miró con
ojos sorprendidos y comentó, “Mira la fama es pasajera, entiendes, es como una
mariposa en verano, desaparece y no la ves más. Por eso, no importa la fama, lo
que importa es el prestigio, eso dura, no es efímero, y tú tienes prestigio, el
grupo del que formas parte, tiene prestigio. Eso es lo que vale”. Mucha razón
la del Electrón.
Pasó
el tiempo, rápido como suele hacerlo, ayer tenías juventud y vigor, luego queda
el vigor, y finalmente la madurez y la sapiencia. A alguien le oí esta frase, y
aunque no es exacta, algo de cierto tiene. Llegaron los setentas y no vi más al
Electrón. Luego me enteré de su viaje a Francia, estudiaría en la universidad
de Grenoble, una especialización. Con razón lo escuché una vez hablar en un
francés con acento muy chalaco.
Luego
de algunos años, un día fui a visitar a mi amiga Paca, que se había mudado a un
departamento en Miraflores, una de muchas mudanzas. La encontré trapeando el
piso con esencia de pino. “Llegas a tiempo para ayudarme, esto está lleno de
cucarachas”. En efecto así era, corrían por todos lados, de seguro el lugar
estaba abandonado tiempo, o alguien muy sucio lo había ocupado. La tarea de
matarlas nos llevó tiempo, eran docenas de ellas. Finalmente acabamos y dimos
la última trapeada. Pero el fuerte olor de la esencia de pino, hacía mella en
nosotros, me sentía completamente mareado y le propuse salir. Lo hicimos así y
caminamos hasta la quebrada de Miraflores, frente al mar. Ahí vimos un
atardecer espléndido, uno de los muchos atardeceres que vería después con mi
amiga. Con la brisa del mar en el rostro, nos relajamos y conversamos de
diversos temas, hasta que ella se acordó del Electrón, y le pregunté si sabía
algo de él. “Claro, de vez en cuando me escribe. Está trabajando en una universidad
de Venezuela, enseña lo que él sabe, Física.”
Cuando
Paca se mudó de nuevo, ahora al centro de Lima, fui a buscarla, pero no estaba,
ya salía del edificio cuando ella apareció. Vengo del correo, fui a enviar una
encomienda al Electrón. ¿Una encomienda hasta Venezuela? Sí, me pidió que le
envié 100 cajas de Protox. (Era un producto multivitamínico, que se vendía como
si fuera un energizante sexual) ¿Qué? ¿Una caja? Así es, pero la señorita del
correo me dijo que las cajas aumentarían el peso y por tanto el precio. Con su
consejo estuve un buen rato, sacando las pastillas de las cajas. ¿Le mandaste
las pastillas sueltas? Bueno están en su sobre, y me ahorré algo. Pero ¿Cuánto
te costó comprarlas? Él me envío un giro, La cuestión fue en la farmacia, cuando
pedí tantas, los empleados murmuraban entre sí. Y se reían, lo que no me hizo
ninguna gracia. Felizmente me las vendieron sin problema, ya que son de venta
libre, ¡Imagínate que hubiera necesitado receta!
Pasó
algo más de una semana, y Paquita me llama, para que vaya a verla. La encontré
escuchando a Beethoven. Me sirvió un café, mientras sonreía muy divertida. ¿No
sabes qué le ha pasado? No. ¿A quién? Al Electrón ¿Qué le pasó? Se debe haber
sentido muy mal, lo arrestó la policía. ¿Y por qué? Resulta que cuando llegó la
encomienda, al de la aduana le pareció sospechoso, abrieron el paquete y
encontraron las pastillas, creyeron que era droga y lo apresaron. Él protestó,
dijo que estaban equivocados, que no era droga. Pero nada, se quedó preso. ¿Y sigue
preso o ya salió? Ya salió, y me escribió contándome la historia. Tuvo que
esperar en la celda que analizaran las pastillas, para averiguar de que droga
se trataba. El laboratorio informó a la policía, que eran vitaminas, y pidiendo
disculpas, lo dejaron libre y le entregaron sus pastillas. ¡Caray, qué
historia! ¡Imagínate flaco, si se enteraba la prensa podría haber tenido
problemas con la universidad! Piensa un titular como “Profesor de universidad:
narcotraficante”. Verdad que sí, felizmente salió bien librado.
Ahora.
Y
llegamos al nuevo milenio, y del Electrón sólo supe que había regresado de
Venezuela y que vivía en el Callao. Y con mis presentaciones teatrales, lo
olvidé y no pensé más en él. La vida cambió mucho, todo se volvió más arduo.
Una
noche empezamos una corta temporada, nos tocó actuar en un conocido bar-teatro
de Barranco. La obra tuvo mucho éxito con el poco público que asistía. Era de
esperarse pues nos dieron un día a mitad de semana, y no como deseábamos, un
viernes o sábado. En la penúltima función, me pareció ver a alguien conocido, y
no estuve seguro, sino hasta que acabó la función y la administración me
entregó una nota que decía: “Me agrado mucho tu obra y tu actuación, te
felicito, un abrazo. Me voy rápido pues debo regresar al Callao y es un largo
camino, El Electrón.
Era
él a quien vi esa noche, y según me contaron, salía poco de su casa. Sé que
está casado y tiene hijos, no sé si uno o dos. Sospecho que la esposa es
venezolana, pero puede que no, él es un hombre de sorpresas. Me contaron
también, que está en tratamiento psiquiátrico. Debe ser algo leve, pero no
tengo su dirección para visitarlo y saludarlo. Es curioso, y agradezco el hecho
de que a pesar de tantos años transcurridos, se da tiempo para ir a ver actuar
a un amigo, eso lo valoro, pero me queda la nostalgia de no poder verlo. Espero
que esté bien y que haya tenido una hijita rubia para derretirse.
Roberto
Ríos del Águila.
Lima,
23 de febrero del 2021.